Empecemos por breve historia del turismo.

Herodoto de Halicarnaso, siglo V aC, no fue un turista. Ni idea del término y su concepto. Su objetivo era investigar. Pero viajó, observó, escribió sobre lo visto y tratado con la gente de cada lugar y descontamos que disfrutó de los paisajes y monumentos vistos. Con todo el acopio de material, nos legó sus “Nueve libros de la historia” (incluye geografía). Cicerón lo llamó “El padre de la Historia”. El turista viaja, observa y disfruta, algunos hasta descansan. No escribe historia. Pero los periodistas de turismo sí sus crónicas sobre lo visto, como lo disfruta y lo conversado con las gentes. Cierto vínculo se rescata.
Marco Polo, veneciano del siglo XIII y un cuarto del siguiente, no fue el único gran viajero de sus tiempos, pero la llegada a China, lo más exótico para los europeos, y su regreso tras muchos años de estadía, lo hizo el más famoso viajero. Su experiencia la volcó en su “Millón” como él llamó originariamente a su libro —que hizo escribir— por los millones de cosas que vió. Luego otros escritos y distintas versiones, deducen la finalidad económica de su viaje, pero también, lo visto y conversado, aparte de aprovechado por el comercio, lo disfrutó. Tanto a cronistas de turismo y como a turistas se acerca un poco más.
Pero pasarán, nada más ni nada menos, que unos quinientos años para que se produzca el fenómeno turístico tal cual lo consideramos actualmente. Lo veremos en el próximo blog.

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