LA TROCHITA (Trilogía Esquel, Trevelin, La Trochita)

En el blog sobre Esquel se hizo mención a La Trochita, siempre con mayúsculas, porque merece ese tratamiento y por tal consideración se señala que se hacía acreedor a un blog propio. Quizás debió ser el siguiente, pero el esquema exigía dar continuidad al Parque Nacional Los Alarces en su región sur, por eso publiqué sobre Trevelin. La Trochita está muy ligada a Esquel porque esta ciudad es sede de su estación terminal, pero veremos que tiene su historia propia.

Ya muy pocos argentinos ignoran que La Trochita es un ferrocarril que fue bautizado popularmente por los habitantes y usuarios de los pueblos patagónicos con este nombre por su trocha económica de 0,75 mts. En el exterior, donde ha trascendido su existencia y servicio turístico, se lo conoce por “El viejo expreso de la Patagonia” que es el título dado a uno de sus libros por el viajero escritor, Paúl Theroux. El servicio actual lo realiza con las mismas máquinas a vapor de 1921 y coches de pasajeros de madera con salamandras alimentadas a leña para calefacción y un coche comedor.

Pero no muchos saben que La Trochita, antes de ser un tres turístico, comenzó siendo carguero. El primer recorrido completo entre Ing. Jacobacci (Río Negro) y Esquel (Chubut) lo realizó en 1945, pero ya rodaba por tramos varios años antes mientras avanzaba la construcción. Cinco años después, incorporó su servicio de pasajeros pasando a ser tren mixto. Durante 50 años, hasta mediados de los 90, recorrió los 403 Kms. que los cumplía en 14 horas o más, pero no sorprenderse, porque ese tiempo empleado tiene su explicación.

El relieve de las mesetas, cornisas y valles que atravesaba, obligaba a continuos ascensos y descensos. Los puentes sobre ríos y arroyos los salvaba a paso muy lento. A igual velocidad, recorría un túnel de más de cien metros y doblaba en 612 curvas. Paraba en 16 estaciones y en varias de éstas, se demoraba para cargar agua en la locomotora, porque no se debe olvidar que su fuerza motriz era y es a vapor.

En los últimos años de pleno recorrido, en realidad, sólo parcial por grandes inundaciones y otros problemas como mantenimiento, competencia del transporte automotor, incluso, despoblamiento de la región, se mantuvo como transporte social. Durante un período de inactividad, conociendo su valor histórico e interés en el exterior, se establecieron acuerdos entre la nación y las provincias en las que circulaba, para que estas tomaran su explotación turística. Parte del acuerdo incluía reacondicionar el material circulante en los talleres propios de El Maitén y desde fines del 90 no sólo los argentinos, sino turistas de todas partes del mundo, gozan de realizar un viaje —corto— pero como los de antes.

Uno de los tramos turísticos parte de Esquel, desde la pequeña estación en el pie de monte de una de las sierras que bordean la ciudad, a Nahuel Pan, a sólo 18 Kms. sitio de una comunidad mapuche-tehuelche que ha instalado una típica feria de artesanías originarias de esas etnias. Desde hace poco tiempo se recorre otro circuito desde El Maitén, donde su taller también es museo, hasta Estación Ñorquinco en Río Negro. Recorrido también corto, porque ambas estaciones están a muy pocos kilómetros cada una del paralelo 42 que es el límite interprovincial Yo viajé desde Ing. Jacobacci hasta Ñorquinco hace más de veinte años cuando La Trochita todavía hacía el recorrido completo.

Jamás me olvidaré de aquel viaje. Fue en función docente con un grupo de alumnos. En las primeras horas de la mañana, ya claro, bajamos en Ing. Jacobacci de un tren que hacía el recorrido Constitución-Bariloche y subimos a La Trochita. Recuerdo que era un día de sol y en un momento que se bordeaba una ladera, se veía reflejada en ésta, la sombra de la locomotora y sus vagones en forma casi perfecta, incluso la columna de humo que despedía la máquina. Una fotografía imperdible. Pero yo la perdí, por defecto de mi vieja cámara. ¡Qué dolor!

El paisaje, las charlas con los pasajeros, el almuerzo, bar y cuando refrescó al atardecer —era principios de octubre— una guitarreada al calor de la salamandra, hicieron que nuestro segundo día de viaje pasara más rápido. Ya de noche, llegamos. La Estación Ñorquinco tenía un apeadero sin techo ni luz eléctrica. Pero los faroles le daban un encanto. El viaje lo encaramos en respuesta a un plan de Gendarmería Nacional cuyo objetivo era brindar apoyo a escuelas en zonas de frontera y de poblaciones escolares de bajo nivel económico.

La experiencia vivida en ese paraje, cuyas únicas edificaciones eran los galpones remanentes de un puesto obrador para la construcción del ferrocarril, de los cuales una era la escuelita rural, explica y fundamenta mi expresión vertida en un párrafo anterior en el que manifesté que “Jamás me olvidaré de aquel viaje”. Allí parecía ser sólo —y hubiera sido suficiente— por viajar en La Trochita, pero el trabajo en el lugar, la gente y la despedida incluyen lo grato del imborrable recuerdo.

Pero aquí el tema del blog es La Trochita y creo que con lo expuesto he cumplido con nuestro tesoro ferroviario y completado la serie de blogs cuyo eje era Esquel, con su hermosa ciudad, su Hoya, el Parque Nacional Los Alerces, su proyección a Trevelín y su Trochita. La página está abierta. Los espero. Ernestico.

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